domingo, 20 de noviembre de 2011

Deseaba hacerlo.

Su corazón se aceleraba. Quería hacerlo. Latía a cada segundo más deprisa. La adrenalina corría cada vez en más cantidad por sus venas. Ansiaba hacerlo. Sus extremidades se sacudían violentamente. Los párpados le temblaban. Sus pupilas se dilataban a cada instante y reflejaban el temor a gritos. Una oleada de calor le golpeó el cuerpo entero y un sudor frío comenzó a bañar su espalda y su frente. La respiración se le aceleraba y dificultaba resecando así su boca. Por su mente pasaban todas las buenas razones que tenía para hacerlo. Sus palabras salían entorpecidas. Incomprensibles. Todo el odio le nubló la mente, todo lo racional de su mente desapareció. Sus ojos se cerraron.  

3, 2, 1… Fuego. Sus piernas fallaron retrocediendo por la fuerza del disparo. 
Muerte. Arrepentimiento. Dolor. Tristeza. Un adiós.


2 comentarios:

Javier Copado dijo...

Tú lo has descrito en la penúltima linea... Muerte. Arrepentimiento. Dolor. Tristeza.
La solución más fácil no es la mejor.

A dijo...

Si todos tirásemos de la solución más fácil, qué sería del mundo?
Me encanta la entrada, ya lo sabes ^^
Un beeeso! :3