martes, 21 de agosto de 2012

Angosto agosto

Un angosto agosto me ha acompañado este año. Lejos de ti, lejos de mi, lejos de todo eso que me hace ser yo incluso. Lejos de los: ¿Qué hacemos hoy? Porque mis momentos han estado controlados con minucioso recelo. Lejos de todo, y de nada al mismo tiempo. He desaparecido en un mar de conformismo, de sonrisas forzadas, de momentos incómodos, de tristezas disimuladas y felicidad fingida. He volado entre las nubes sin poder ver el sol ni el mundo bajo mis pies. He arrancado de mi corazón la posibilidad de decisión y he estado encerrada en un “Dulce hogar” sin que fuese el mío. Me han atado fuera de mi nido, sin opción alguna de regreso, lejos… Muy lejos.  Me han gritado, me han llamado, me han amado y me han echado, echado mucho de menos. Pero… ¿Qué podía hacer yo? Más de 10 horas de palabras a ciegas, cada noche, bajo las estrellas, con los ojos llenos de lágrimas las 5 primeras y con soledad en cada minuto. Cuando preguntéis si os he echado de menos, pensad en estas letras, en estos trazos en el cuaderno. Y en el tamaño de mis sonrisas o la fuerza de mi abrazo cuando me visteis de vuelta. Os he echado mucho de menos. Pero ahora solo pienso, en que he de partir de nuevo. Así que sonreíd, decid que todo pasará, y abrazadme como nunca. Porque ahora es lo único que necesito. A vosotros. 

1 comentario:

Alba B. Netz dijo...

El verano con sus ausencias y vacíos... Como duele. Por suerte, es uno de esos dolores que SÍ se va con el paso del (no demasiado) tiempo.