lunes, 8 de diciembre de 2014

Fiebre

Podría hablaros del terrible miedo a fallar que tengo (sí otra vez). Podría hablaros del pavor que me inspira quedarme atrás. Apuntar demasiado bajo, ambicionar algo menudo. Podéis utilizar conmigo esa terrible palabra que empieza por elitista (vaya) porque sinceramente creo que lo soy, pero lo soy más conmigo que con cualquier otra. Desprecio tanto mis virtudes que creo que siempre tengo que apuntar más alto. Sé que las tengo, todo el mundo tiene alguna por pocas que sean. Sé que tengo cosas buenas, hay días que incluso me levanto con la certeza y la seguridad de saber exactamente cuales son, pero... Siempre creo que no son suficiente, que no están a la altura de las virtudes de las pocas personas que me acompañan.

El mundo no va a escuchar a nadie y si no va a escuchar a nadie mucho menos me va a escuchar a mi y es por eso por lo que escribo cada día con menos ánimo, a pesar de saber ya desde el principio de esto, (que podría llamar "proyecto") que nunca conseguiría mucho. Pero sí, algunos habéis escuchado y eso me ha alegrado momentos feos, y desde luego eso es mucho más de lo que cabía esperar en mi cabeza cuando empecé hace tres años.

Creo estar segura de que no escribo este texto (y otros tantos últimamente) para compadecerme, creo que escribo este texto porque ahora mismo soy consciente de mis virtudes. Porque ahora mismo puedo admitir que soy consciente de todo esto que me pasa y porque ahora mismo deseo cambiarlo. Por eso escribo esto, porque quiero leer que lo he llegado a pensar, quiero que al leerlo las cosas me vuelvan a quedar claras. No voy a decir cuales son esas virtudes de las que ahora mismo me enorgullezco inmensamente, (aunque ahora mismo no sé si es por las décimas de fiebre), porque os interesan menos que poco.

(Lo dicho) Publico principalmente para mi, me gusta saber que he querido dejar mis ideas plasmadas en algún momento y, como me pasa con las fotos, me gusta entrar y leer para recordar. Podría hablaros, ahora sí, del terrible miedo de fracasar que tengo. Podría deciros que es la causa por la que tengo como cincuenta entradas a medio empezar con ideas que me encantaría poder compartir pero que creo que no están a la altura y que se quedan ahí cogiendo polvo mientras las leo y las releo, las retoco y vuelvo a retocar.

Podría deciros que es la misma causa por la que ahora mismo no sé hacia dónde enfocar mis esfuerzos, la causa por la que ahora mismo tengo un problema para encauzar mi vida y la causa por la que no veo más allá de las dudas que sé que tengo. Mi vida son muchas cosas a las que no puedo dar toda la atención que quiero porque el miedo me bloquea (mec excusa barata). Sé que no podría utilizar esto como argumento serio a nadie que quiera que me tome en serio, pero, ahí está otro de los problemas y es que creo que es una excusa tan, tan, tan, desgastada que nadie sabría apreciar hasta qué punto es cierta.

Así que me siento como en un carril anclada al suelo con una bifurcación ante mis narices, parada, helada y rodeada de gigantes que corren a ambos lados. Gigantes que ni me miran, para los que no soy nada y que avanzan mientras yo no sé hacia dónde.

Me encanta recordar cosas, puntos de felicidad en mitad de la niebla de lo que eran mis "problemas" antes. Quién diría que lo haría con tanto cariño como lo hago. Antes solo tenía un carril y, aun con gigantes a mi al rededor, confiaba en que era la que conseguiría seguir adelante. Añoro mi yo de antes, pero no me arrepiento de nada y creo que nunca hasta ahora había conseguido quererme tanto. Pero sigo parada en mi carril y por eso esta tarde entre pañuelos estoy aquí y no consigo dormir.

La cabeza me da vueltas.

1 comentario:

Manuel Ricardo Castellanos Castellanos dijo...

¡Y vas y encuentras algo como esto!

Y entonces cae uno en cuenta que no es el único, que, tal como dices, somos muchos los que estamos parados en la bifurcación, anclados al piso, como si tuviéramos concreto en los pies y el frío miedo sembrado en cada poro.

Es una entrada genial, muy honesta, pero sobre todo, universal, porque te pasa a ti, y abarca un mundo, pero hay una diferencia (o una ventaja): tu te atreves a reconocerlo, a reconocerte, a pronunciarlo o escribirlo. Algunos no.

Exquisito blog.

Gracias, te sigo leyendo.