Soplaría nubes de humo para preguntarle al viento. Treparía hasta la Luna para preguntarle a sus vecinas. Sí, las estrellas ¿Las recuerdas? Porque yo sí. Cada día, cada noche, cada madrugada, cada atardecer, las recuerdo. Recuerdo como nos miraban aquella noche de Julio. Recuerdo como pintaron tus ojos de esperanza. Como guiaron tus pasos hacia mi vida. Como juntaron nuestros caminos. Recuerdo el tacto de tu piel, recuerdo tus palabras, recuerdo tus escondidos y poco comunes cumplidos, el tacto de la arena bajo mis pies caminando a tu lado, cada uno de los reflejos del caprichoso sol en tus cabellos, recuerdo cada uno de esos húmedos y mentolados besos que recorrieron mi cuerpo las tardes de lluvia, tu sabor a chocolate, cada una de las cálidas y suaves caricias encerradas en tus manos, esas que deseo liberar y sentir por última vez. Antes de que se hundan en el mar de acero endurecido por el olvido.
Y ahora la pregunta. La pregunta que formularía a gritos en cada rincón de tu cabeza, en cada rincón de tu nublada alma y sobre todo en cada rincón de tu estúpido, ridículo, caprichoso, juguetón y colorado corazón. ¿Dónde y cuándo abandonaste tú mi recuerdo?
