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jueves, 18 de febrero de 2016

Silla

He creado mil y una realidades a cada cual más dispar sobre quién creo ser y me las he creído todas con cada punto y coma. Desde que se me impuso la búsqueda del que sería mi sitio me pregunto si para eso no es indispensable primero encontrarse a si misma. Por fin me he dado cuenta de que lo que funciona para mi es la idea de que todo es una construcción coordinada. Me voy encontrando según voy encontrando mi sitio. Me voy conformando conforme me construyo un sitio para mi. 

Me explico. 

Hasta ahora he sido como una silla de madera rota. De esas que chirrían y se tambalean cuando alguien se les sienta pero que si nadie lo hace deja de ser útil y entonces deja de sentirse silla. Entonces piensa que es una mesa, una mesa de madera rota. De esas que están cojas y sobre las que la gente deja sus cosas pero en la que no se sentaría a comer porque está coja. Entonces se siente bandeja o aparador. Sigue incesantemente buscándose a sí misma un nombre. Sigue buscándose a si misma una utilidad, una razón de ser, alguien que la use.

Vamos pero que yo no soy una silla eso ya lo sabemos todos. Llevo siendo consciente de el hecho de que no se es para los demás cosa de toda mi vida. Pero eso no ha evitado que me sienta una silla, todavía hoy, esperando encontrar a alguien que quiera sentarse en ella. 

¿Y qué si eres una silla sobre la que nadie se sienta? Pues sigue siendo una silla. Pero no seas una silla en la que esperas que alguien se siente, sé una silla porque eres una silla y nunca dejarás de serlo. 

Descubrí esto cuando deje de intentar descubrirme. No me gustó, para qué negarlo. Ahora mi pequeña lucha es contra mi misma, contra esa necesidad de un culo bonito en mi silla. Me toca deshacer lo que me ha caracterizado siempre en el intento de crear de mi misma alguien más fuerte. Alguien que se siente a si misma aunque no sea útil para otro ser.

hogeigarren abendua

Ahora un abrazo que tal.

jueves, 15 de octubre de 2015

Ocaso

Cuando era niña, las ventanas del cuarto donde dormía mientras pasaba el verano con la familia daban al oeste. Agradecía que los días fuesen más largos y que las noche tardaran más en llegar, que el cielo se tiñese de rojo más despacio. Por aquel entonces los perros me daban miedo y no soportaba la idea de los ladridos o las gatas en celo cuando se colaban en el jardín interrumpiendo la oscuridad con esos ojos brillantes. Envidiaba a mi hermano, que dormía plácidamente a mi lado, que no sufría de ese nudo en el estómago en las horas oscuras mientras que yo, hecha un ovillo, bajo las mantas que creía me protegían, seguía a las sombras de la habitación mientras la luz del pasillo colándose bajo la puerta se movía al compás de la vida.

En mitad de la noche, cuando el baile de luces acababa, solía levantarme en busca de consuelo en los brazos de mi madre, recuerdo. A ella le daba mucha rabia, me acariciaba un rato el pelo y en seguida se quedaba dormida. Pero su seguridad seguía envolviéndome como una nube de vapor mientras yo encontraba su olor en la almohada y poco a poco llegaba al descanso mecida por su respiración y empezaba a ignorar los ladridos,

Ahora el nudo en el estómago no lo causa el ocaso, lo causan mis fracasos. Lo causan todos los silencios que se suceden uno tras otro a lo largo de estos días en los que mis inseguridades han recobrado su forma tangible y que me soplan tras el oído. Ya no hay "ladridos de gatos" son el llanto y la ansiedad los que no me dejan dormir. 

Anoche hacía un frío horrible y aun así volví a sentirme como esa niña en la oscuridad muriéndose de terror y calor bajo las mantas. El nudo en el estómago me apretaba tanto que no podía parar de llorar. Hoy me he levantado agotada con los ojos algo hinchados, he vivido el día en la medida de lo posible y cuando me he quedado sin cosas que hacer, cuando me he dado cuenta de que el nido azul había desaparecido y que no habría ni abrazos, ni almohadas, ni nubes de vapor, algo se ha roto dentro muy dentro y he visto a mi niña.

Está dentro, y hay días en los que después de llorar en la oscuridad me he sentido como la otra que en verano se levantaba por la mañana, desayunaba y corría a la calle a buscar los caracoles. Hoy podría haber prometido que iba a buscar los caracoles en los días secos de verano; que iba a tratar de encontrar la paz en esta batalla conmigo misma y a aprender a vivir a solas con mis errores e inseguridades tangibles. Pero sería como gastarle una broma a mi yo del presente, porque no hay nido azul, porque no tengo sentido, porque no.

En lo que queda de hoy, que no es mucho, solo puedo tapar el nudo en mi estómago con las manos, que nadie lo vea. Solo puedo reír muy alto para que nadie lo oiga. Solo puedo sonreír mucho y ser la niña de los caracoles hasta que pueda apagar la luz y no esperar abrazos, oh no.


If you must mourn, my love
mourn with the moon and the stars up above
If you must mourn,
don't do it alone.